lunes, 3 de febrero de 2014

Lectura sin fin... (I)





Lectura sin fin

Un libro no tiene edad.
George Steiner

Aventurarse a hablar, profetizar e incluso deducir que la tecnología (en específico la editorial) pasará de lo físico a lo digital es un azar. El escritor y cronista Carlos Monsiváis habló de esto en “Elogio (innecesario) de los libros” durante una conferencia en el 6° Congreso Nacional de Lectura. Sin embargo, no fue el descubrimiento de un paradigma. Era el año 2006, y ya se había hablado de una sustitución del papel. No de los libros, pero sí del periódico.
La situación editorial, que atañe directamente a los lectores, y estos al aspecto cultural, que corre de la mano con lo político y económico, generan un problema para quienes son los lectores reales. Quienes toman a los clásicos o se sumergen, nacen y mueren con distintos personajes de cada obra. Los demás, lectores de viaje o simplemente obligados por la escuela, entran a un mundo de plenitud.
Después de leer que los íconos y la imagen audiovisual (conjunto al mundo de la iconosfera) “desplaza en la vida colectiva al universo del libro”[1]. La explicación al bajo presupuesto para allanar cada escuela de libros, e incluso abrir o remodelar cada una, son nulos; mientras la apuesta por el campo tecnológico se incrementa. Revisar y comprobar el uso del programa Enciclomedia. Si los profesores, como explica Monsiváis, no tienen el dinero suficiente para comprar libros y compartir sus lecturas. Mucho menos existe la posibilidad de adueñarse de las estrategias y aprendizajes tecnológicos (en específico de la computadora y sus parecidos).
Ensayar sobre qué rige a un buen lector es necesario. En la experiencia del maestro, las personas no leían tanto, aspecto preocupante para algunos cuando se viene el cambio de paradigma. Un paliativo resultó apoyar a las bibliotecas públicas e incrementarle un impuesto del 15 por ciento a los libros, según en el ensayo, el director del Instituto Nacional de la Juventud: “¡para que ningún joven tenga que entrar a una librería!”[2]. Aunque, concluye, con una idea: esto siempre será cuestión de minorías.  

Foto: Internet
Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Fernando Benítez y Carlos Fuentes

Por otro lado, la cultura de la lectura no va incluida en cada persona alfabetizada. La contradicción dual, está en quienes se creen superiores por leer (pero acuden a los clásicos sino a bestsellers  y literatura de autoayudas), así, la transformación interna que pierden por limitarse a las sensaciones provocadas después de finalizar, nunca se logran.
Según el escritor, la lectura genera múltiples controversias en el aspecto cultural. Desde las declaraciones de un diputado, que adjunta Monsiváis, porque no saca los libros de una caja (que guardó desde hace ocho años); hasta la poca o nula actividad por concentrarse en un texto y trabajar con la imaginación, e incluso no concebir (o desconocer) un pensamiento abstracto. Esto conlleva a perderse entre las letras, literalmente las personas no comprenden lo que estudian. Sin comprensión no puede existir una explicación del contenido, y esto generará que “las masas [estén] manipulando a las masas”[3].
Monsiváis logra remitirse de un aspecto a otro: de lo cultural a lo económico. Desde el ejemplo de las copias xerox, hasta la protesta por el precio de los libros y no de las bebidas. Pese al ejemplo de la nula cantidad y calidad de volúmenes en bibliotecas públicas de México, la alarma se endurece cuando se abandona “la lectura como estructura personal del conocimiento”[4]. Intercambiar los problemas reales por la self help significar congestionarse de más, según el cronista, el argumento se pierde, porque en un mundo de iconicidad el lenguaje literario ya no se exhibe en el cine o la televisión.
            La compra de libros de esoterismo, cómo se exitoso y autoayuda, por las nuevas generaciones lectoras, se debe al desinterés por la lectura, según Jaime Labastida, presidente de siglo XXI editores. La nula investigación de obras clásicas y  cumbres del mundo literario. El problema editorialista se expande. La gente demanda lo que genera controversias.

Además, otro planteamiento central y cultural, nos lleva a la educación. Que antes de la escuela, se recibe en casa. Pero, aunque las campañas y medios no cesen, la idea de Carlos Monsiváis se dirige hacia la falta de rigurosidad y sistematización de campañas y uso de todos los medios para acentuar el amor por la lectura.

Otro planteamiento importante es la desatención de los medios impresos, que los lectores reales necesitan. Ahora solo las cabezas y la nota con el primer párrafo interesan, pero a los lectores superficiales; perder esto, significaría desarmar a quienes sí aman la lectura (de los diarios).

Por último, las nuevas tecnologías aventajan y entran con fuerza ante los nuevos lectores, pero no distan de significado a los libros. Esto podría generar una resurrección y afianzar de nuevo, un goce por los libros. Sin embargo, el problema del entendimiento continuaría, porque en América Latina “se lee, pero se han perdido muchísimos niveles o asideros de comprensión”[5]. Aunque los criterios de información los dicte el gobierno, primero lo suyo ante lo que el lector necesita, Monsiváis concluye con que “la lectura sigue siendo un acto profundamente personal”; si algunas personas necesitan de este servicio, lo ideal sería que el gobierno otorgase las facilidades (y herramientas).
Foto: Internet
Carlos Monsiváis en la plaza de Bellas Artes, México.




 Bibliografía:
[1] “Elogio (innecesario) de los libros” por Carlos Monsiváis. Pág. 3.
[2] Ob. Cit. Pág. 3
[3] Ibídem. Pág. 7.
[4] Ibídem. Pág. 8
[5] Ibídem. Pág. 12.
Imagen tomada del blogspot "Entre amigos discos y todo lo que se me ocurra". http://msartre.blogspot.mx/

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