Lectura sin fin
Un libro no tiene edad.
George Steiner
Aventurarse a hablar, profetizar e incluso deducir que la
tecnología (en específico la editorial) pasará de lo físico a lo digital es un
azar. El escritor y cronista Carlos Monsiváis habló de esto en “Elogio (innecesario)
de los libros” durante una conferencia en el 6° Congreso Nacional de Lectura. Sin
embargo, no fue el descubrimiento de un paradigma. Era el año 2006, y ya se
había hablado de una sustitución del papel. No de los libros, pero sí del
periódico.
La situación
editorial, que atañe directamente a los lectores, y estos al aspecto cultural,
que corre de la mano con lo político y económico, generan un problema para
quienes son los lectores reales. Quienes toman a los clásicos o se sumergen,
nacen y mueren con distintos personajes de cada obra. Los demás, lectores de
viaje o simplemente obligados por la escuela, entran a un mundo de plenitud.
Después de leer que
los íconos y la imagen audiovisual (conjunto al mundo de la iconosfera) “desplaza
en la vida colectiva al universo del libro”[1]. La
explicación al bajo presupuesto para allanar cada escuela de libros, e incluso
abrir o remodelar cada una, son nulos; mientras la apuesta por el campo
tecnológico se incrementa. Revisar y comprobar el uso del programa
Enciclomedia. Si los profesores, como explica Monsiváis, no tienen el dinero
suficiente para comprar libros y compartir sus lecturas. Mucho menos existe la
posibilidad de adueñarse de las estrategias y aprendizajes tecnológicos (en
específico de la computadora y sus parecidos).
Ensayar sobre qué
rige a un buen lector es necesario. En la experiencia del maestro, las personas
no leían tanto, aspecto preocupante para algunos cuando se viene el cambio de
paradigma. Un paliativo resultó apoyar a las bibliotecas públicas e
incrementarle un impuesto del 15 por ciento a los libros, según en el ensayo, el
director del Instituto Nacional de la Juventud: “¡para que ningún joven tenga
que entrar a una librería!”[2]. Aunque,
concluye, con una idea: esto siempre será cuestión de minorías.
Por otro lado, la cultura de la lectura no va incluida en cada persona alfabetizada. La contradicción dual, está en quienes se creen superiores por leer (pero acuden a los clásicos sino a bestsellers y literatura de autoayudas), así, la transformación interna que pierden por limitarse a las sensaciones provocadas después de finalizar, nunca se logran.
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| Foto: Internet Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Fernando Benítez y Carlos Fuentes |
Por otro lado, la cultura de la lectura no va incluida en cada persona alfabetizada. La contradicción dual, está en quienes se creen superiores por leer (pero acuden a los clásicos sino a bestsellers y literatura de autoayudas), así, la transformación interna que pierden por limitarse a las sensaciones provocadas después de finalizar, nunca se logran.
Según el
escritor, la lectura genera múltiples controversias en el aspecto cultural. Desde
las declaraciones de un diputado, que adjunta Monsiváis, porque no saca los
libros de una caja (que guardó desde hace ocho años); hasta la poca o nula
actividad por concentrarse en un texto y trabajar con la imaginación, e incluso
no concebir (o desconocer) un pensamiento abstracto. Esto conlleva a perderse
entre las letras, literalmente las personas no comprenden lo que estudian. Sin
comprensión no puede existir una explicación del contenido, y esto generará que
“las masas [estén] manipulando a las masas”[3].
Monsiváis logra
remitirse de un aspecto a otro: de lo cultural a lo económico. Desde el ejemplo
de las copias xerox, hasta la protesta por el precio de los libros y no de las
bebidas. Pese al ejemplo de la nula cantidad y calidad de volúmenes en
bibliotecas públicas de México, la alarma se endurece cuando se abandona “la
lectura como estructura personal del conocimiento”[4]. Intercambiar
los problemas reales por la self help
significar congestionarse de más, según el cronista, el argumento se pierde,
porque en un mundo de iconicidad el lenguaje literario ya no se exhibe en el
cine o la televisión.
La compra de
libros de esoterismo, cómo se exitoso y autoayuda, por las nuevas generaciones
lectoras, se debe al desinterés por la lectura, según Jaime Labastida,
presidente de siglo XXI editores. La nula investigación de obras clásicas
y cumbres del mundo literario. El problema
editorialista se expande. La gente demanda lo que genera controversias.
Además, otro planteamiento central y cultural, nos lleva a la educación. Que antes de la escuela, se recibe en casa. Pero, aunque las campañas y medios no cesen, la idea de Carlos Monsiváis se dirige hacia la falta de rigurosidad y sistematización de campañas y uso de todos los medios para acentuar el amor por la lectura.
Otro planteamiento importante es la desatención de los medios impresos, que los lectores reales necesitan. Ahora solo las cabezas y la nota con el primer párrafo interesan, pero a los lectores superficiales; perder esto, significaría desarmar a quienes sí aman la lectura (de los diarios).
Por último, las nuevas tecnologías aventajan y entran con fuerza ante los nuevos lectores, pero no distan de significado a los libros. Esto podría generar una resurrección y afianzar de nuevo, un goce por los libros. Sin embargo, el problema del entendimiento continuaría, porque en América Latina “se lee, pero se han perdido muchísimos niveles o asideros de comprensión”[5]. Aunque los criterios de información los dicte el gobierno, primero lo suyo ante lo que el lector necesita, Monsiváis concluye con que “la lectura sigue siendo un acto profundamente personal”; si algunas personas necesitan de este servicio, lo ideal sería que el gobierno otorgase las facilidades (y herramientas).
Además, otro planteamiento central y cultural, nos lleva a la educación. Que antes de la escuela, se recibe en casa. Pero, aunque las campañas y medios no cesen, la idea de Carlos Monsiváis se dirige hacia la falta de rigurosidad y sistematización de campañas y uso de todos los medios para acentuar el amor por la lectura.
Otro planteamiento importante es la desatención de los medios impresos, que los lectores reales necesitan. Ahora solo las cabezas y la nota con el primer párrafo interesan, pero a los lectores superficiales; perder esto, significaría desarmar a quienes sí aman la lectura (de los diarios).
Por último, las nuevas tecnologías aventajan y entran con fuerza ante los nuevos lectores, pero no distan de significado a los libros. Esto podría generar una resurrección y afianzar de nuevo, un goce por los libros. Sin embargo, el problema del entendimiento continuaría, porque en América Latina “se lee, pero se han perdido muchísimos niveles o asideros de comprensión”[5]. Aunque los criterios de información los dicte el gobierno, primero lo suyo ante lo que el lector necesita, Monsiváis concluye con que “la lectura sigue siendo un acto profundamente personal”; si algunas personas necesitan de este servicio, lo ideal sería que el gobierno otorgase las facilidades (y herramientas).
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| Foto: Internet Carlos Monsiváis en la plaza de Bellas Artes, México. |


