Círculo de creadores (III)
El
hombre por naturaleza es político. La sociedad en consecuencia, se basa en
relaciones sociales que permiten el libre desarrollo de sus integrantes. Hay
organizaciones que permiten esto: la escuela, el trabajo e incluso la familia
lo logran. Sin embargo, enfocarse en la industria editorial como un pilar
central e integral en la formación educativa de las personas, la coloca en
primer plano. Permitir la plenitud cultural de una nación, es una de tantas
labores concedida a éste sector.
Concebir
al libro como un objeto por valor comercial y de uso, no sólo implica cerrarse
frente a este hecho. La inversión monetaria corre en paralelo con la movilidad
intelectual a desarrollar en un territorio. Un país se sostiene por un sistema
educativo sólido. Datus Smith lo confirma: “Si no impulsan la cultura literaria
en su país, estarán cavando la tumba de sus economías y su inherente
desarrollo.”
La
autogestión de la educación se mide en ¿qué tanto una persona se logra superar?
La respuesta tendría incisión en la cultura lectora, que además, desarrolla una
cualidad y habilidad en quien la realiza, se convierte en autodidacta. La
problemática no es abonar y concentrar todos los esfuerzos en vender tantos
libros sean posibles, sino cómo insertarlos en un mercado para competir
intelectual y comercialmente.
Resolver
la problemática es arriesgarse a probar un modelo. Cuatro figuras emblemáticas
surcan este contexto: autor, impresor, vendedor y editor. Los cuatro trabajan
de la mano, y como equipo, formulan un proceso para obtener un buen resultado.
El
primero guarda la inventiva. Permea la obra, autor y artista de un mundo,
consolida las ideas en el papel para generar contenidos. Sin embargo, trasgredir
el límite entre creación y discurso (político, religioso o cualquiera), puede
afectar la obra. Encaramarla de visiones que impactarían en sus lectores.
El
fin involucra el mandato del autor. Un ejemplo fueron los escritos del poeta
Efraín Huerta hacia su faceta como partidario del socialismo. El escritor es
dueño de su mundo, y puede fiárselo a quien desee, siempre y cuando se respete
el derecho sobre su obra, el famoso Copyright.
El
derecho sobre su obra surge como una herramienta anti-plagiarios, de robo e
incluso de reproducción no autorizada en el mundo editorial. Reconocer al
creador es la prioridad.
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| Foto: Internet La inventiva corre por cuenta del escritor |
¿Qué
sería de la obra si nadie la reproduce en grandes tirajes? El impresor dedica
su esfuerzo a consolidar y expandir la inventiva del escritor. Materializa la
obra y transforma un manuscrito en el libro que todos conocen. La tarea no es
sencilla. Un impresor no sólo produce un monton de hojas enumeradas con la obra
terminada. Propone un tipo de colección para la(s) obra(s); permite exhibir una
tipografía acorde al tema; e incita a mantener una publicación con determinado
tiraje, puesto que, conoce el medio que lo rodea y hace de su vida los libros.
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| Foto: Internet Vender el libro es prioridad para asegurar un público |
Impreso
el libro, quien lo comparte, vende, reparte y exhibe, debe ir de un lugar a
otro. Distribuir el producto es necesario para que el mercado comercial y
cultural se sostengan; mayoreo o menudeo es la manera de ofrecerlo. Respecto a
la organización (o empresa) editorial, la distribución se da en este momento.
La importancia de su puesto radica en la posibilidad de impacto en un nuevo
nicho de mercado, que pudiese generar mejor impacto el nuevo ejemplar de tal o
cual libro. La capacidad de convivencia para generar un lazo e intercambio
cultural, es decisiva para acercar una obra al público.
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| Foto: Internet Imprimir el libro es necesario para darlo a conocer |
Por
último, el libro está listo pasado por las manos del editor. Es quien contacta
a todo el equipo del proyecto editorial para que nazca un nuevo título.
Coordina las secciones del personal que labora en la nueva idea para llevarla
al lector. Corre desde el escritor, para conocer su opinión como corrector y
editor del ejemplar, hasta el impresor y las propuesta de cómo crear el libro,
e inclusive, hasta promover una estrategia de venta con el vendedor.
El
editor trabaja con todo el personal. Ubica los nuevos talentos y adscribe a
trabajaren un nuevo proyecto, si el olfato no le falla. Además se funde en
supervisar que nada falle; desde la portada y el diseño del libro, hasta la
impresión continua de más y más tirajes.
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| Foto: Internet El trabajo más complejo es coordinar todos los departamentos |
Por
último, la complejidad del proyecto y las expectativas de todo el proceso las
concentra éste personaje. A veces no reconocida, pero que, genera un lazo entre
todo un grupo de personas para llegar al lector. Responsable de saldar la
cuenta.
Fuente:
Smith,
jr, Datus C. Guía para la publicación de
libros. Ed. Asociación de editoriales de instituciones de educación
superior de México, México 1991.




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