domingo, 18 de mayo de 2014

Círculo de creadores (III)


Círculo de creadores (III)

El hombre por naturaleza es político. La sociedad en consecuencia, se basa en relaciones sociales que permiten el libre desarrollo de sus integrantes. Hay organizaciones que permiten esto: la escuela, el trabajo e incluso la familia lo logran. Sin embargo, enfocarse en la industria editorial como un pilar central e integral en la formación educativa de las personas, la coloca en primer plano. Permitir la plenitud cultural de una nación, es una de tantas labores concedida a éste sector.

Concebir al libro como un objeto por valor comercial y de uso, no sólo implica cerrarse frente a este hecho. La inversión monetaria corre en paralelo con la movilidad intelectual a desarrollar en un territorio. Un país se sostiene por un sistema educativo sólido. Datus Smith lo confirma: “Si no impulsan la cultura literaria en su país, estarán cavando la tumba de sus economías y su inherente desarrollo.”

La autogestión de la educación se mide en ¿qué tanto una persona se logra superar? La respuesta tendría incisión en la cultura lectora, que además, desarrolla una cualidad y habilidad en quien la realiza, se convierte en autodidacta. La problemática no es abonar y concentrar todos los esfuerzos en vender tantos libros sean posibles, sino cómo insertarlos en un mercado para competir intelectual y comercialmente.

Resolver la problemática es arriesgarse a probar un modelo. Cuatro figuras emblemáticas surcan este contexto: autor, impresor, vendedor y editor. Los cuatro trabajan de la mano, y como equipo, formulan un proceso para obtener un buen resultado.

El primero guarda la inventiva. Permea la obra, autor y artista de un mundo, consolida las ideas en el papel para generar contenidos. Sin embargo, trasgredir el límite entre creación y discurso (político, religioso o cualquiera), puede afectar la obra. Encaramarla de visiones que impactarían en sus lectores.

El fin involucra el mandato del autor. Un ejemplo fueron los escritos del poeta Efraín Huerta hacia su faceta como partidario del socialismo. El escritor es dueño de su mundo, y puede fiárselo a quien desee, siempre y cuando se respete el derecho sobre su obra, el famoso Copyright.

El derecho sobre su obra surge como una herramienta anti-plagiarios, de robo e incluso de reproducción no autorizada en el mundo editorial. Reconocer al creador es la prioridad.

Foto: Internet
La inventiva corre por cuenta del escritor

¿Qué sería de la obra si nadie la reproduce en grandes tirajes? El impresor dedica su esfuerzo a consolidar y expandir la inventiva del escritor. Materializa la obra y transforma un manuscrito en el libro que todos conocen. La tarea no es sencilla. Un impresor no sólo produce un monton de hojas enumeradas con la obra terminada. Propone un tipo de colección para la(s) obra(s); permite exhibir una tipografía acorde al tema; e incita a mantener una publicación con determinado tiraje, puesto que, conoce el medio que lo rodea y hace de su vida los libros.


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Vender el libro es prioridad para asegurar un público
Impreso el libro, quien lo comparte, vende, reparte y exhibe, debe ir de un lugar a otro. Distribuir el producto es necesario para que el mercado comercial y cultural se sostengan; mayoreo o menudeo es la manera de ofrecerlo. Respecto a la organización (o empresa) editorial, la distribución se da en este momento. La importancia de su puesto radica en la posibilidad de impacto en un nuevo nicho de mercado, que pudiese generar mejor impacto el nuevo ejemplar de tal o cual libro. La capacidad de convivencia para generar un lazo e intercambio cultural, es decisiva para acercar una obra al público.

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Imprimir el libro es necesario para darlo a conocer

Por último, el libro está listo pasado por las manos del editor. Es quien contacta a todo el equipo del proyecto editorial para que nazca un nuevo título. Coordina las secciones del personal que labora en la nueva idea para llevarla al lector. Corre desde el escritor, para conocer su opinión como corrector y editor del ejemplar, hasta el impresor y las propuesta de cómo crear el libro, e inclusive, hasta promover una estrategia de venta con el vendedor.

El editor trabaja con todo el personal. Ubica los nuevos talentos y adscribe a trabajaren un nuevo proyecto, si el olfato no le falla. Además se funde en supervisar que nada falle; desde la portada y el diseño del libro, hasta la impresión continua de más y más tirajes.

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El trabajo más complejo es coordinar todos los departamentos

Por último, la complejidad del proyecto y las expectativas de todo el proceso las concentra éste personaje. A veces no reconocida, pero que, genera un lazo entre todo un grupo de personas para llegar al lector. Responsable de saldar la cuenta.

Fuente:

Smith, jr, Datus C. Guía para la publicación de libros. Ed. Asociación de editoriales de instituciones de educación superior de México, México 1991.

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