domingo, 18 de mayo de 2014

Escribirse a sí mismo (IV)

Escribirse a sí mismo (IV)

Fabricar, producir, imprimir o hacer un libro (como lo llamen) no significa transcribir los originales y masificarlos para distribuirlos en copias por todo el mundo. Un código de barras lo acompaña, sale a la calle y listo. Esto podría dejar claro qué sucede con un libro, sin embargo, los pasos son más extensos. Trabajar un libro lleva más detalles que sólo trascribir el manuscrito a papel por millares.

Existen medidas, consideraciones, observaciones y cuidados que un editor debe tomar en cuenta. El trabajo es exhausto, además de mantenerse como trabajador de una empresa u organización editorial, el editor busca nuevas plumas talentosas que fomenten una apertura a la difusión cultural. Junta ambas concepciones. Un trabajo de oficina encerrado a cuatro paredes, no ayudará a concebir nuevos talentos y obtener manuscritos majestuosos. Escritores como Nabokov, Bolaño e incluso el auge del boom latinoamericano surgió por medio de editores brillantes, que pusieron el ojo en la mira.

Foto: El País
De izquierda a derecha, los escritores Gabriel García Márquez, Emily Dickinson, Roberto Bolaño, Fleur Jaeggy y Juan Villoro (primera fila); J. M. Coeetze y John Berger (segunda fila), y Nicanor Parra, Edward Said, Fernando Vallejo, Noam Chomsky y Mario Vargas Llosa (tercera fila), vistos por Fernando Vicente.

En primera instancia, seleccionar los manuscritos sirve como promoción y difusión cultural de obras que no llegan al público (o talentos no descubiertos). Sin embargo, la garantía de acaudalar estos manuscritos, también reside en la calidad y la certeza de quiénes son las cartas fuerte de la casa editorial. Por ejemplo, Alfaguara tiene a dos premios Nobel de literatura: Mario Vargas Llosa y Orhan Pamuk que aseguran parte de las ventas a nivel mundial por cada nuevo título y sus reediciones.

Escrutar y tomar las decisiones de una casa editorial no pueden caber en manos de una persona. El editor puede promover y proponer a las cartas fuertes que representen el sello. Pero calificar un manuscrito para publicar, conlleva una tarea que va desde el especialista del tema, hasta el administrativo que contará si la extensión de la obra es considerable para ser publicada, ubicando los gastos a realizar.

Foto: Internet
El escritor Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006 

Decidir quién es publicar y quienes no, es algo que ejercer el editor. Tomar en cuenta las recomendaciones, los espacios de exhibición, un público meta, y un precio por ejemplar, son factores influyentes en la obra. Además del gusto literario o lector, que acompañe al editor.
Acompañar la decisión de publicación, compete desde el editor, pasando por especialistas del sello editorial, agentes detectores de talentos, el departamento de ventas, y un estudio de mercado que detecte qué generará este nuevo manuscrito entre las personas.

Parecido al mundo del futbol y los fichajes. Un escritor, puesto que es dueño de los originales, decide a qué casa editorial (por costumbre o simple gusto) será enviada su obra. Existen otros modos de reclutamiento. Los llamados buscadores de libros, sujetos que verifican y se mueven en los ámbitos literarios (jóvenes o viejos) para reconocer cuál pudiese ser una nueva propuesta a llevar. La visión no se reduce. Los agentes literarios (que realmente son managers) escrutan los títulos de las casas editorial que pudiesen compartir con su carta fuerte, y someten a consenso con el autor, lo que podrían hacer.

Las estrategias de comunicación también surgen en las casas editoriales. Los editores crean premios internos y la publicidad hacia los medios de comunicación, por reconocer sus plumas, se hace latentes. Los sellos de la casa. Además del apoyo mismo, esto funge como una convocatoria para reclutar e incitar a otros escritores (y escritorcillos) a colaborar.

El escritor y editor generan un vínculo de hermandad. Casi inigualable que, puede llevar a convertirlo en un círculo de trabajo durante toda una vida. Otra vertiente se logra con el encargo sobre pedido de manuscrito. Similar a la novela de El jugador de Dostoievski que, debido a una deuda pendiente por su adicción al juego, tuvo que generar un manuscrito para venderlo –sobre pedido– y sepultar la deuda.


Foto: Internet
Fiodor Dostoievski

Una casa editorial exhibe varias colecciones de libros, dependiendo de su vertiente; por lo tanto, los libros especializados –aunque son consultados– el tiraje es más corto, pasando por libros de consulta como enciclopedias o diccionarios, hasta editores de sellos editoriales que generan convenios con el gobierno para producir libros de texto. Tirajes poblacionales que son repartidos por todo el país.

El beneficio económico es parte de la organización editorial, como lo especificó Datus en la lectura anterior, sin embargo esto no es un efecto espejo, que refleja ganancias simultáneamente al publicar una serie de  ejemplares. Sino parecido a un eclipse, que se logra poco a poco hasta que se consolida en su punto. La rentabilidad resulta agobiante si puesto en el mercado no muestra los resultados esperados de un estudio previo. Sin embargo, el trabajo en equipo y las colaboraciones son necesarias para que un nuevo proyecto surja.   
  
Fuente:


Smith, jr, Datus C. 4 "Desarrollo editorial: de la idea al libro" en Guía para la publicación de libros. Ed. Asociación de editoriales de instituciones de educación superior de México, México 1991

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