Escribirse a sí mismo (IV)
Fabricar, producir, imprimir o hacer un libro (como lo
llamen) no significa transcribir los originales y masificarlos para
distribuirlos en copias por todo el mundo. Un código de barras lo acompaña,
sale a la calle y listo. Esto podría dejar claro qué sucede con un libro, sin embargo,
los pasos son más extensos. Trabajar un libro lleva más detalles que sólo
trascribir el manuscrito a papel por millares.
Existen medidas, consideraciones, observaciones y
cuidados que un editor debe tomar en cuenta. El trabajo es exhausto, además de
mantenerse como trabajador de una empresa u organización editorial, el editor
busca nuevas plumas talentosas que fomenten una apertura a la difusión
cultural. Junta ambas concepciones. Un trabajo de oficina encerrado a cuatro
paredes, no ayudará a concebir nuevos talentos y obtener manuscritos majestuosos.
Escritores como Nabokov, Bolaño e incluso el auge del boom latinoamericano
surgió por medio de editores brillantes, que pusieron el ojo en la mira.
En primera instancia, seleccionar los manuscritos sirve
como promoción y difusión cultural de obras que no llegan al público (o
talentos no descubiertos). Sin embargo, la garantía de acaudalar estos
manuscritos, también reside en la calidad y la certeza de quiénes son las
cartas fuerte de la casa editorial. Por ejemplo, Alfaguara tiene a dos premios
Nobel de literatura: Mario Vargas Llosa y Orhan Pamuk que aseguran parte de las
ventas a nivel mundial por cada nuevo título y sus reediciones.
Escrutar y tomar las decisiones de una casa editorial no
pueden caber en manos de una persona. El editor puede promover y proponer a las
cartas fuertes que representen el sello. Pero calificar un manuscrito para
publicar, conlleva una tarea que va desde el especialista del tema, hasta el
administrativo que contará si la extensión de la obra es considerable para ser
publicada, ubicando los gastos a realizar.
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| Foto: Internet El escritor Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006 |
Decidir quién es publicar y quienes no, es algo que
ejercer el editor. Tomar en cuenta las recomendaciones, los espacios de
exhibición, un público meta, y un precio por ejemplar, son factores influyentes
en la obra. Además del gusto literario o lector, que acompañe al editor.
Acompañar la decisión de publicación, compete desde el
editor, pasando por especialistas del sello editorial, agentes detectores de
talentos, el departamento de ventas, y un estudio de mercado que detecte qué
generará este nuevo manuscrito entre las personas.
Parecido al mundo del futbol y los fichajes. Un escritor,
puesto que es dueño de los originales, decide a qué casa editorial (por
costumbre o simple gusto) será enviada su obra. Existen otros modos de
reclutamiento. Los llamados buscadores de
libros, sujetos que verifican y se mueven en los ámbitos literarios (jóvenes
o viejos) para reconocer cuál pudiese ser una nueva propuesta a llevar. La
visión no se reduce. Los agentes
literarios (que realmente son managers) escrutan los títulos de las casas
editorial que pudiesen compartir con su carta fuerte, y someten a consenso con
el autor, lo que podrían hacer.
Las estrategias de comunicación también surgen en las
casas editoriales. Los editores crean premios internos y la publicidad hacia los
medios de comunicación, por reconocer sus plumas, se hace latentes. Los sellos
de la casa. Además del apoyo mismo, esto funge como una convocatoria para reclutar
e incitar a otros escritores (y escritorcillos) a colaborar.
El escritor y editor generan un vínculo de hermandad.
Casi inigualable que, puede llevar a convertirlo en un círculo de trabajo
durante toda una vida. Otra vertiente se logra con el encargo sobre pedido de manuscrito. Similar a la novela de El jugador de Dostoievski que, debido a
una deuda pendiente por su adicción al juego, tuvo que generar un manuscrito
para venderlo –sobre pedido– y sepultar la deuda.
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| Foto: Internet Fiodor Dostoievski |
Una casa editorial exhibe varias colecciones de libros,
dependiendo de su vertiente; por lo tanto, los libros especializados –aunque son
consultados– el tiraje es más corto, pasando por libros de consulta como
enciclopedias o diccionarios, hasta editores de sellos editoriales que generan
convenios con el gobierno para producir libros de texto. Tirajes poblacionales
que son repartidos por todo el país.
El beneficio económico es parte de la organización
editorial, como lo especificó Datus en la lectura anterior, sin embargo esto no
es un efecto espejo, que refleja ganancias simultáneamente al publicar una
serie de ejemplares. Sino parecido a un
eclipse, que se logra poco a poco hasta que se consolida en su punto. La
rentabilidad resulta agobiante si puesto en el mercado no muestra los resultados
esperados de un estudio previo. Sin embargo, el trabajo en equipo y las
colaboraciones son necesarias para que un nuevo proyecto surja.
Fuente:
Smith, jr, Datus C. 4 "Desarrollo editorial: de la idea al libro" en Guía para la publicación de libros. Ed. Asociación de editoriales de
instituciones de educación superior de México, México 1991



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